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Los proyectos como etiquetas de productividad
20120417 16:07
,
Lectura aproximada: 2:58

lusi
Foto de lusi
Un proyecto es algo importante, una meta, un acuerdo contigo mismo o con terceras personas. Un proyecto es un proceso de trabajo o de ocio, algo en lo que involucrarse y dedicarle esfuerzo, un proyecto es casi una forma de vida para algunos, una planificación en el tiempo y una consecución de hitos, la materialización de una idea o concepto, una esponja de recursos, pero en el mundo de la productividad un proyecto no es más que una etiqueta agrupadora. Aquí muchos dejarán de leer o se estarán rasgando las vestiduras.

El principal problema de los proyectos es verlo como un todo, cuando en realidad es nada. Le otorgamos la importancia de esa totalidad y nos presiona(n)mos para realizar esfuerzos que reflejan proyectos ocultos, en vez de realizar las acciones naturales, nos toca librar encarnizadas batallas con vencimientos y delegaciones de un único sentido. Le otorgamos vida y sentimientos propios, alimentando nuestro afán por conseguir lo que perseguimos. Sólo eliminando esa vida artificial del proyecto, conseguimos hacerlo fluido y transparente.

El ejemplo lo tienes ante ti mismo. Recuerda uno de los peores proyectos en los que más has sufrido, en los que intensamente has vivido las experiencias, los fracasos, los problemas, ese proyecto que tanto costó y ahora, desde la objetividad de la visión completa, encuentra las claves que tanto costaron para desarrollarlo. Esos puntos de inflexión donde la duda y el desconocimiento dejaron paso al avance y a la solución. En la mayor parte de estos pensamientos que estás teniendo ahora, te asaltará la misma solución: el sentido común. El proyecto, desde la distancia del presente, se presenta mucho más sencillo. Desde ese pasado, con suerte, aprendemos en nuestras acciones actuales.

Por eso, la única forma de realizar un proyecto es desparasitándolo de todos esos factores ajenos y una vez desnudo, leerlo como es: una etiqueta. Una etiqueta que nos servirá única y exclusivamente para evaluar si estamos realizando las acciones más adecuadas para llegar a esa meta, aunque la ausencia de acciones también implica una acción adecuada, ya que los proyectos son binarios: están activos o se desplazan fuera de nuestra visión.

Cuando un proyecto está activo, significa que tenemos acciones específicas para poder realizarlo y dichas acciones deben ser realizadas en un relativo plazo de tiempo. Cuando un proyecto no dispone de acciones es porque no hemos hecho una revisión completa, nuestro sistema de productividad estará fallando o aún no hemos desplazado el proyecto fuera de nuestra lista (Algún día/Quizá).

El proyecto nace de la necesidad de realizar más de una acción para conseguir un objetivo, con esa premisa y revisando la lista de acciones, descubrimos proyectos que viven ocultos en esas listas, queremos saltarnos pasos y es ahí cuando le otorgamos esa vida al proyecto, cuando en vez de convertirlo en una etiqueta, lo alimentamos pensando en lo que vamos hacer con esa acción, mutándola en vez de destruirla, un acción no marcada como completada y a la que sólo se le cambia el texto, grita por convertirse en proyecto.

Si transformas los proyectos en meras etiquetas y los desmaterializas de cualquier parafernalia, estarás eliminando el sobrepeso que le asignas y allanando el camino para conseguirlos.

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  1. Javier
    18-04-’12 10:30

    Me viene genial este artículo. En mi caso estoy condicionado por la aplicación que utilizo para hacer GTD. Omnifocus me permite tener una anidación de proyectos mucho mayor que Things, y el caso es que me he pasado a esta última precisamente para quitar ese vicio de anidar proyectos, con subproductos dentro de subproductos que acaban en acciones… De esta manera Things trocea mas y trata a un proyecto como lo que es GTD, una acción que requiere de varios pasos para ser completada, y si quiero relacionar estos proyectos GTD utilizo como bien apuntas una etiqueta que los relacione a todos con un proyecto “madre” como pueda ser “Diseño de página web de Pepito” .

    Saludos y gracias

  2. Bergonzini
    18-04-’12 13:38

    GTD es un buen ejemplo de la metodología KISS (Keep It Simple Stupid) somos nosotros los que por afán tecnológico o porque intentamos rehacer lo que ya funciona, que nos lleva a complicarnos cada vez más. Si analizas GTD no es nada complicado, ¿para que complicarlo más?. Recuerda que la herramienta debe adaptarse a ti y no al revés.

    Gracias por tu aportación :)

  3.  



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